
Ahogada de ruidos, gente chocando una con otra al caminar por la calle, bocinas, teléfonos, frenos, gritos, golpes, tacos, timbres… llego a mi pieza, enciendo mi vela me acuesto en el suelo, cierro los ojos dejo que mi mente tome mi cuerpo y me voy…
Me traslado al lugar donde quiero estar…
Al abrir los ojos me encuentro con grandes arboles, de troncos muy gruesos y frondosos algunos, otros pequeños con débil follaje, no existen comparaciones la belleza que entregan independiente de sus características es abismante, sus ramas y hojas lucen distintos colores, verdes de todo tipo, amarillos naranjos y por que no, también existe el morado, miro hacia arriba y veo un gran espacio que se forma el cielo es de un celeste intenso, grandes nubes suavizan su color, mil especies de pájaros danzan en el cielo, luciendo sus plumajes de brillantes colores.
Mis oídos no pueden creer tanta belleza entre los sonidos de la naturaleza, mis ojos no quieren cerrarse, disfrutan de cada rincón de este lugar, mis manos sutilmente buscan distintas texturas y mis pies juegan suavemente con las hojas del suelo y la arcilla.
Agradables aromas surgen de las hojas y de una cascada de vertiente que cae suavemente, humedeciendo la tierra la que rápidamente es secada por pequeños rayos de sol.
Bancas hechas con restos de árboles caídos rodean el lugar. Me siento, cierro mis ojos y disfruto de mi silencio acompañado de tan dulce melodía…
Por fin me alejo de esta ruidosa ciudad…
y tu…, vendrás???